domingo, 22 de marzo de 2009

PEDRO FIGARI, el rioplatense.

Pintor uruguayo, hijo de genoveses, se recibió de abogado, se dedico a la política, a la filosofía, hasta 1920, en donde hace un quiebre y se dedica a la pintura, a la poesía.
En 1900 presenta un proyecto de ley para fundar una Escuela Nacional de Bellas Artes.
Mas tarde es director interino del Patronato de la Escuela de Artes y oficio en donde realiza reformas a nivel administrativo y docente, el intenta unir el arte con la industria, utilizando siempre conceptos de identidad nacional, como la flora y la fauna de Uruguay. Promueve la producción artesanal de cerámica, vitrales, mimbrearía y esculturas de madera.
El predicaba la descolonización cultural. Esa simbiosis del arte y la industria, resolvería un problema de fondo, el quería una conciliación entre la tradición humanista, espirituales, culturales del siglo XIX y los objetivos prácticos del pensamiento burgués. Este proyecto no tuvo éxito porque no había industria, lo que intento fomentar era una economía casi domestica, de tipo familiar y formar pequeños talleres. A causa de esto se le pide su renuncia.
En 1921 decide trasladarse a Buenos Aires. Comienza a pintar siempre temas locales, nunca abandono la idea de la búsqueda de una identidad nacional y americana, siempre pinta ciudades coloniales, candombe, ceremonias de los negros y autóctonos, campos como recuerdo de su infancia y adolescencia vivida en el campo.
Durante su adolescencia, vivió muchos años en una chacra donde ahora es la zona céntrica de Tres Cruces, que tenía costa sobre la parte de la bahía que más tarde se rellenó y urbanizó. En esa zona semirrural tuvo Figari contacto con aspectos de la sociedad que luego fueron temas que desarrolló en su pintura.
Una gran parte de su trabajo se concentró en la comunidad Afro-Uruguaya, y en los recuerdos de su juventud, sus recuerdos de Candombe
El proponía una arte regional. Con la búsqueda de la identidad, surge el NATIVISMO, que reivindica cierto arraigo americanista, la búsqueda de perfiles autóctonos, el rescate de matrices raciales y culturales.
Influencia por la pintura del siglo XIX, mas el impresionismo de entonces, aunque compartía el uso excesivo de la luz y de la atmósfera, el intento buscar su propia identidad, reivindicaba el peso de las “formas”, que se convertiría en esbozo de expresividad, en “signos”, en casi “gestos” elementales.
En figari, el dibujo aparece espontáneamente, como una acto intelectivo de recogerla síntesis esencial de los seres y cosas, como una escritura.
Por 1923 ya la pintura argentina se encuentra conmovida por el cubismo, por la cual Petorutti trae a Argentina sus obras para exponer, embanderaba la tendencia geométrica, constructivita que llegaba de Europa. Figari continua con su estilo, que le luego fue el gusto de los europeos al ver los negros y gauchos americano, dado por el gusto de lo exótico de los europeos. Figari realizo una pintura testimonial, documental, al reflejar las costumbres de su pueblo, el jugaba con el dibujo y el color propio de los negros, le llama la atención el color de las polleras, de las cortina de sus ranchos y lo traslada a sus pinturas.
Figari como habiamos dicho antes, ingresa a la pintura desde el campo de las humanidades con la preocupacion de su realidad social y con una vision diferente a los pintores contemporaneos que tenía una vision de estetica y formal. Estos estaban preocuapdo por la interpretacion coloristica de la luz local y no sentia la gravedad de lo tematico.
Figari veia que la sociedad estaba atravesando una crisis de valores. El ve una necesidad de una correspondencia entre “formas de vida” y “formas de cultura”, esto constituye el hilo conductor de la utopia antropologica de Figari. Se observa bien en ese friso contiuo que va desde los Trogloditas hasta las escenas urbanas y rurales Rioplatenses. Vemos al troglodita, al gaucho de los patios criollo, el candombe, el negro de saraos, como paradigma de un estadio social, donde el hombre y su medio ambiente no esta en conflicto, se conserva una manera de ser y una manera de hacer, hay una coherencia entre pensamiento y comportamiento, eso era para Figari una premisa para construir una identidad nacional. Su constante reprobacion de la cultura importada, lo llevo a una confrortacion con las tendencias del gusto predominante, ese regreso al pasado historico, lo llevo a evocar en imágenes un sistema de correspondencia entre cultura y sociedad, tomado como referencia. Participaba de una corriente ideologica a una vuelta a sus raices en el 20.

El espacio figueriano, la linea de horizonte no tiene el sentido geometrico ilusionista, la profundidad renancentista, sino que tiene un sentido ritual, separa lo de arriba y abajo, de cosmico y de lo terrenal, es ese espacio mitico del arte popular. La figura plana ostenta un engañoso aire primitivo que oculta la sabiduría plástica de un gran pintor, que advirtió la manera de evitar la trampa del folklorismo para hacer arte nacional: que era ser preciso y sincrético. Tenía un abordaje de la pintura que la hacia parecer ingenua, las figuras se resuelven por la manchas de color y oculta la línea de la composición que la soportan. Figari se lo puede definir como pintor de manchas y no de líneas.

"La pica", un óleo de 1935 del pintor uruguayo, llegará en manos de un policía de INTERPOL. Será devuelto a su dueño legítimo una vez que se verifique la autenticidad de la obra. Casi ocho años después de haber sido robado de una casa de Barrio Parque, en Palermo, y luego de un largo viaje, incluido su descubrimiento cuando estaba a punto de ser rematado por la casa de subastas Christie´s, de Nueva York, el cuadro "La pica" o "Corrida de toros", del pintor uruguayo Pedro Figari, regresará hoy a la Argentina para ser restituido a su propietario. Había sido robada el 23 de noviembre de 1997. Iba a ser puesto a la venta en una subasta programada por Christie´s para el 28 y 29 de mayo de 2003, a pesar de figurar en los registros internacionales de obras de arte robadas. Gracias a eso se abrió en la Argentina un proceso judicial que ahora culmina con el retorno al país de la pieza robada.

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