sábado, 8 de agosto de 2009

El curioso origen del cine argentino

Considerado todo un misterio aun para los especialistas, el período mudo de la cinematografía nacional reaparece en un ciclo del Malba y en la edición en DVD de varias películas


Por Fernando López
Para LA NACION - Buenos Aires, 2009

Un intenso drama entre dos razas -anunciaba la publicidad de La quena de la muerte -: el blanco que domina por su poder y el indio que sabe tramar su venganza." En otra película, asomaban unos cavernícolas jugando al billar en una escena cómica al estilo Mack Sennett. Había audacias insólitas en una tercera disfrazada de producción francesa que estaba prohibida "para menores y señoritas" porque exaltaba el amor físico, e innovadores cruces entre documental y ficción para contar una rebelión de los mocovíes en el norte santafecino. Todo esto y mucho más alimentaba la ilusión, la sorpresa, la curiosidad o la emoción de los espectadores locales allá por las primeras décadas del siglo pasado. Pero no eran films importados, sino producciones hechas aquí, con escenarios y personajes reconocibles, actores muchas veces famosos por su trayectoria teatral y temáticas que intentaban reflejar nuestra realidad.
Sin embargo, es bastante improbable que algún lector actual haya podido apreciar en la pantalla esos testimonios del cine local, porque si bien la Argentina fue uno de los primeros países en conocer el invento de los Lumière y también uno de los que más tempranamente importó cámaras y emprendió su propia experiencia en el nuevo lenguaje, "el período mudo de nuestro cine es un misterio incluso para sus más tenaces historiadores". Lo dice Fernando Martín Peña ahora que una mínima pero valiosa parte de ese misterio revela públicamente sus tesoros.
La preservación de los documentos del pasado -se sabe- no ha sido un rasgo que nos distinga, pero en el caso del cine a esa desatención se sumaron otros factores, como la fragilidad del material. De muchas películas apenas hemos tenido referencias: una foto, un afiche, el título citado en algún libro especializado con la desdichada frasecita adosada: "las copias se han perdido". Como sigue sucediendo, por ejemplo, con El apóstol (1917), una sátira de Quirino Cristiani al flamante presidente Yrigoyen que el Congreso de Cine de Animación de Berlín reconoció en 1970 como el primer largometraje de dibujos realizado en el mundo.
Quizás alguna vez pudimos curiosear fragmentos dispersos, copias maltrechas, algún título favorecido por una oportuna restauración. Pero lo que se propusieron el Ministerio de Cultura porteño (a través del Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken) y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales -la edición en DVD de varios films mudos- busca enmendar esa falta de difusión. A la iniciativa se sumó el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, que alberga este mes un ciclo retrospectivo dedicado a esa porción de nuestra herencia cultural tan laboriosamente rescatada del olvido. Mosaico criollo , que así se titula esta primera antología del cine mudo argentino destinada a investigadores, programadores y archivistas, ha reunido páginas de este desperdigado álbum familiar, viejas fotos que vuelven a la vida cuando la luz las ilumina sobre una pantalla; pedacitos de historia, sentimientos, personajes, ambientes, voces y paisajes que sentimos próximos porque están en nuestro ADN cultural, son parte de nuestra idiosincrasia.
El cine de aquel tiempo, entretenimiento popular como la radio y los folletines, obró como un espejo para esa mezcla irresuelta de criollos e inmigrantes que eran los argentinos, según los define Paula Félix-Didier: iban al cine para conocerse. No debe descartarse que al espectador contemporáneo le suceda algo similar respecto de una memoria que, aun inconscientemente, lleva consigo.
Los títulos aludidos en el comienzo -el notable film de Nelo Cosimi; el fragmento de Pancho Talero en Hollywood (1931, Arturo Lanteri); Afrodita (1928, Pierre Marchal, seudónimo de Luis Moglia Barth), y El último malón (1918, Alcides Greca)- ya hablan de la variedad de temas que nuestro cine abordó en esa primera etapa de su historia, y que tanto la colección de DVD como el ciclo del Malba toman en cuenta. Por supuesto, no faltan los clásicos. Nobleza gaucha (1915, Eduardo Martínez de la Pera, Ernesto Gunche y Humberto Cairo), con sus escenarios naturales y su historia del gaucho que rescata a su novia de las garras del estanciero que la secuestró, significó el primer gran éxito popular; Amalia (1914, Enrique García Velloso) fue todo un acontecimiento: primer largometraje local, nació como film benéfico promovido por Angiolina Astengo de Mitre, fundadora de la Sociedad del Divino Rostro, fue interpretada por miembros de la más encumbrada sociedad porteña, y estrenada en el Colón con la presencia del presidente Victorino de la Plaza; Perdón, viejita (1927, José A. Ferreyra) vino a sintetizar dramáticamente la relación campo-ciudad (uno, símbolo del trabajo y el sano esparcimiento; la otra, tentadora y peligrosa), una oposición traspolada en barrio-centro con acentos de tango y que fue asunto reiterado después de una primera etapa dominada por la evocación histórica y el testimonio de actualidad.
Las curiosidades -un film didáctico y algo aterrador, La mosca y sus peligros (1920); el registro de las operaciones del doctor Posadas (1899-1900) y las escenas de la guerra entre Bolivia y Paraguay captadas por el paraguayo Roque Funes ( En el infierno del Chaco )- alternan con las actualidades y los cortos cómicos o musicales, entre ellos el que da nombre a la colección. Pero quizá lo que más sorprende está en las ficciones. Por citar algunas: El último malón (1918, Alcides Greca), que se anticipa al cine antropológico de Flaherty y exhibe inusitado vigor expresivo en la recreación del alzamiento indígena; Hasta después de muerta (1916, Florencio Parravicini), con sus abruptos cambios de tono entre la risa y el dramón. O La vuelta al bulín (1926, Ferreyra), variación cómica de un tango, cuyos intertítulos no tienen desperdicio. Como éste: "Aflojarle a la mujer es entregar el barrilete a las tormentas de la vida. A la primera coleada, ¡zas! Ya hay que bajarlo del aire pa´volverlo a remontar cuando ya está bien mansito". El que habla, claro, es un guapo de aquéllos? De aquellos que alardean en el café y se vuelven trémulas palomitas cuando asoma la patrona?
El programa, como se ve, no excluye la diversión.
© LA NACION
RETROSPECTIVA

La muestra del Malba comenzó el jueves pasado y terminará el sábado 29 de este mes. Entre las películas presentadas se destacan Perdón, viejita (sábado 15) y Hasta después de muerta (jueves 27). Más información en www.malba.org.ar

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